El buen pastor

Padre Wilmar: No es posible reflejar en unas líneas lo que usted ha sido para muchos a través de su encuentro personal. Sólo Dios sabe lo que ha sembrado en el corazón de sus feligreses, quisiera darle el más profundo reconocimiento por su identidad tan transparente de sacerdote y amigo, haciendo fácil el anuncio del Evangelio a través de la acogida personal, del encuentro, de ponerse del todo en la calle y hacer visible que la vida del Reino es presencia y alegría.

Reconocimiento por su gran creatividad para abrir caminos a Jesucristo en medio de nuestra sociedad, con empeño constante de diálogo y anuncio, convirtiendo el Evangelio en Buena Noticia para todo ser humano y para toda realidad humana. Usted ha puesto todo su empeño en llegar a todos, en especial a los jóvenes, entre ellos a mis hijos, en especial a Carlos Andrés, que hoy está aún con vida, gracias a sus palabras oportunas y su hombro de amigo.

Agradecimiento por la huella de compromiso, de comprensión y apoyo para todos, dejando su olor de buen sacerdote en cada uno de los que formamos ésta Iglesia.

Y profundo agradecimiento por habernos puesto en camino del Señor, porque cada uno de nosotros y cada instante de nuestra vida son necesarios para hablar de Dios y hacernos sentir a todos que somos necesarios para hacer realidad el proyecto de Dios. Usted ha sido el primer animador y ésta huella la acogemos con ilusión y empeño.

No ha estimado tiempo, ni oportunidades para estar a nuestro lado: con los más mayores, con los enfermos, con los que están pasando por situaciones difíciles, rezando por nosotros y con nosotros, haciéndonos amar a Dios. Y para esto, como tantas veces nos ha señalado y pedido, hay que estar visibles y dispuestos, en camino y en búsqueda. Toda una referencia a abrir el Evangelio y llevarlo a las periferias de nuestras vidas y de nuestras familias, de nuestras parroquias, de nuestra sociedad.

Agradecimiento, Padre Wilmar. porque hemos visto y sentido que su corazón nos ha amado y siempre ha buscado caminos para demostrarlo.

Los que hemos tenido la fortuna de estar más cerca de usted, sabemos que usted no improvisa, todo lo trata previamente con el Señor. Las primeras horas del día siempre han estado reservadas para el encuentro reposado con Dios. Nada es para usted tan importante como el alimento espiritual de la oración.

Muchas gracias por su aportación a la devoción de la Eucaristía que queda reflejada en la Parroquia Jesús Eucaristía

Quiero mostrarle mi agradecimiento con éstas letras por todo, absolutamente todo lo que ha hecho por mi familia, en especial por lo que hizo por Carlos Andrés.

Hemos tenido un buen sacerdote y un muy cercano amigo. Gracias mil gracias que su vida siga siendo tan fructífera y siga respondiendo a la voluntad de Dios, con tanta alegría y entrega como nos ha enseñado y transmitido. Que Dios le siga bendiciendo en toda su labor apostólica. Un abrazo inmenso.

Clara Patricia Arias Cadavid.

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